Andújar

 ’Andūšar

 Andura

 

Andújar, la ’Andūšar árabe, la prerromana Andura. Toponímico de origen ibérico que significa “abundancia de agua”.  Característica evidente de este lugar, pues ríos como el Guadalquivir,  el Jándula y el Yeguas, arroyos como el Mestanza, Martín Gordo, Malillo,  Escobar, Minguillos, Salado, etc., riegan con generosidad esta tierra.

Andura, ubicada en el curso alto del Guadalquivir, estuvo bajo la influencia de  Ipolka, capital de los túrdulos,  conocida bajo la dominación romana como Obulco (Porcuna). Zona de influencia tartésica  que alcanza gran desarrollo económico y cultural desde mediados del siglo VII a principios del siglo VI a. C.  La zona de Andura, emplazadas al norte de Ipolka, formaría parte de la realidad económica de citado oppidum, que explotaría tanto  sus recursos mineros de la Sierra como los agropecuarios de la vega.

El estudio arqueológico de Antonio Ruiz Parrondo en el año 2003, confirma la existencia de un asentamiento del Bronce en el altozano de Santiago, aunque su secuencia temporal no supera el bronce, su hallazgo es de gran trascendencia, pues nos revela la existencia de presencia humana en la actual  Andújar. Presencia que es más estable en la zona comprendida entre el pantano del Jándula y El Encinarejo, como consecuencia de sus yacimientos mineros. Posiblemente, sea en  este momento cuando se acuñe el toponímico  Andura,  persistiendo desde entonces a través del tiempo hasta nuestros días. 

La palabra “andura” consta del prefijo, and_, y de la raíz uhar, que significa respectivamente, abundancia y agua. Prefijo que no sólo lo encontramos en el mundo ibérico, sino también en el céltico.  Diefenbach[1], afirma al respecto: And --, es un prefijo de muchos nombres de pueblos en la Galia, España y este de Europa. Zeuss, en su Monumental Gramática Céltica, incluye  entre las separables que se observan en los nombres galos antiguos al prefijo  and--[2].

Prefijo, por tanto,  frecuente en las lenguas prerromanas,  sirva de  ejemplo que   en euskera existen  términos como: andura, yezgo; anda, riachuelo; andaza,[3] etc., y en la zona  aquitana encontramos el topónimo “Anduza”, localidad francesa a unos cincuenta kilómetros de Montpelier, que se debe incluir dentro del ámbito cultural del iberismo.    

Todo parece indicar que el toponímico Andura persistió tal cual bajo la dominación romana, y ello, a pesar, de la intensa romanización que estas tierras sufrieron a partir del siglo segundo antes de Cristo.  Estrabón dirá sobre los turdetanos: “han adquirido por  entero la manera de vivir propia de los romanos hasta el punto de haber olvidado ya su propio idioma”[4] En tiempos de Augusto, el proceso estaba en gran medida terminado, no admitiéndose, por ejemplo, el bilingüismo en las acuñaciones de las monedas.

Topónimo que conocemos, precisamente, por una inscripción romana, a la que hace referencia Juan Agustín Ceán Bermúdez en su obra “Sumario de las antigüedades Romanas que hay en España”. En ella  recoge el término andurensis, gentilicio de Andura, y dice así:

 

“Andújar, ciudad del reino y la provincia de Jaén y cabeza del partido. Está situada en un alto sobre el Guadalquivir, y distante cinco leguas al mediodía de la capital. Pretenden algunos geógrafos modernos que se llamó Iliturgi por haberse mudado a esta ciudad la población de la antigua Iliturgi de la región de los túrdulos; pero se conserva   en una esquina de la plaza de la Victoria  de Torre Jimeno esta inscripción:

D.    M.  S.

LAELIVS EPAPHRO

DITVS. ANDVRENSIS

ANN. XXII

PIVS. IN. SVIS. H. S. E.

S. T. T. L.[5]

 

Ceán Bermúdez[6] ubica en el actual termino municipal de Andújar a tres ciudades romanas: Andura, Iliturgi e Ipasturgi. Andura situada en la actual Andújar; Iliturgi en Santa Potenciana, próxima a la actual Villanueva de la Reina, e  Ipasturgi[7] en los Villares. Este cúmulo de despropósitos se debe a que Ceán Bermúdez mantiene una línea continuista con la tesis defendida en el siglo XVII por Martín Jimena Jurado[8] y el abate José de Hierro. Postura que sería refutada por Carlos de Torres Laguna, aunque no por ello será capaz de admitir que en Los Villares se localiza Isturgi e Iliturgi en Mengíbar. Por otra parte, Torres Laguna califica la referida inscripción, de “apócrifa”[9],  y afirma que procedía del convento de Jesús María de Andújar, aunque es incapaz de desvelarnos las razones por las que la inscripción termina en la localidad de Torredonjimeno[10]

El gentilicio andurensis es recogido por Enst Hübner[11], en los siguientes términos: “Andurensis, de la Bética”, admitiendo la existencia latina del término aunque sin desvelarnos más información. Entendemos, por tanto, que el gentilicio andurenses, es propio de Andura, y que identificamos con el término actual de la ciudad de Andújar, pero no con ningún asentamiento urbano romano en concreto. Probablemente porque se tratara, en el mejor de los casos, de una simple alquería, que en el futuro generaría la actual ciudad. 

Andura, con la dominación árabe, se transforma en ’Andūšar, de la que existe  constancia documental  como núcleo urbano. De  ’Andūšar se pasa a Andújar, tras  la toma de la villa por Fernando III, el Santo, en 1225.  La  Šīn final del vocablo árabe  (ش ),   equivale al sonido de la Ch francesa (Su transcripción es š) y se representará en castellano, en los primeros momentos, con su equivalencia fonética, “x”, grafía que aún se observa en textos del siglo XVII, sirva de ejemplo Martín Jimena Jurado, aunque, debemos precisar, que  desde el mismo siglo XIII, encontramos el toponímico Andújar con la grafía actual, es decir, con “J”. Ejemplo de ello, lo encontramos en la carta de términos, otorgada por el rey Fernando III, el Santo, al Concejo de Andújar, en Úbeda  en el año de 1270. [12] 

 

    

 

Para terminar esta aproximación al toponímico de Andújar vamos a recurrir a  Álvaro Galmés de Fuentes, quién afirma al respecto:

“El nombre de Andújar (Estrada, II, 157[13]) es, sin duda, prerromano. En una inscripción hallada entre Martos y Torredonjimeno.  Se lee el étnico Andur®ensis, que presupone un Andura, y que también está en la base de Andorra, Col d¨Andorre (Argelés). Sin embargo, Andújar parece mejor emparentado con el narbolense Anduze (Gard), derivado del nombre celta A n d u s + el sufijo latino –u t i a. En el caso de Andújar, sería el mismo nombre propio más un sufijo átono latino-a r u (guácharo de guacha, cáscara de casca, y en topónimo Bracara > Bragua, Braga, Naiara > Nájera). La base, pues, de nuestro topónimo sería A n d ú s a r o, con pérdida mozárabe de la –o final, y para el paso s>j  compárese s a p o n e>jabón, s u c o> jugo, p a s s e r > pájaro, i s e r e r e>injerir, y en toponimia, S e a t a b i s > Játiva,     S a r a m b a >Jarama, etc. La forma árabe de nuestro topónimo  es ‘andūšar” [14]

 

 

 

SOBRE EL ORIGEN DE LA CIUDAD DE ANDÚJAR

 

Hemos comentado anteriormente que de la Andura romana, no tenemos constancia física de su existencia. Andura es, en el momento actual, una incógnita. Somos de la opinión de que Andura fue, en un principio,  un topónimo que alude a un paraje y no a un núcleo urbano.  La construcción del puente a finales del siglo II de nuestra era, en tiempos de Séptimo Severo, sería reclamo más que suficiente para general en sus proximidades, un  asentamiento estable, aunque éste fuera de poca importancia. Las posibilidades económicas que el puente  generaba, tránsito de personas y mercancías , así nos lo hace pensar.

Esta arquería, bajo la sombra de la Isturgi romana,  adoptaría el nombre del topónimo prerromano, Andura. Nada conocemos  de aquel primigenio asentamiento, pues sus comienzos  estuvieron acompañados por el anonimato y la falta de referencias escritas, hasta aquel mismo momento en el que el citado   Epafrodito, andurensis,  tuvo  el honor de haber pasado a la memoria colectiva, como el primer andujareño conocido documentalmente. 

De aquella Andura no tenemos más vestigios, el futuro dirá sobre ello la última palabra, pero mientras tanto, a modo de hipótesis, manejamos esta posibilidad sobre el origen de  Andújar, que se remontaría en torno al siglo III de nuestra era. Durante siglos coexistirían Isturgi y Andura, esta última sin superar la humildad de su origen, aunque proyectándose con paso decidido a partir del siglo VIII de nuestra era, momento que coincide con el total declive de lIsturgi. Es el momento en el que la Antigua Andújar, Isturgi, deja el protagonismo a la nueva Andújar, ’Andūšar.

La única certeza histórica que tenemos sobre Andújar, se remonta al periodo histórico del Al Andalus, concretamente en el tramo final del emirato independiente. La primera cita musulmana sobre Andújar se remonta a la época del emir Muhammad I (852-886), y es del año 854.

En ese año el emir Muhammad  envió contra [ el vale de ] Jándula a Qāsim b. al-Abbās y a Tammān b. Abī  Attāf, jefe de la caballería, y con ellos  a los hasans. Al hacer  alto en Andūŷar, salieron contra ellos los emboscados toledanos, trabándose el combate y creciéndose la matanza. Qāsim y Tammān fueron derrotados y alcanzado cuanto había en el campamento. Sobre esto dice Safwān  b. al- Abbās

Se tiró al- Qāsim un día

Un pedo en la caramida

Murieron por ello cuantos peces

Había en el Atlántico

Esta derrota tuvo lugar en šwwāl / 5 de marzo-2 de abril de 854[15]

 

Algún tiempo más tarde,  el emir Άbd Allăh (888-912)  ordena al gobernador de la cora de Jaén, Ubayd Allāh b. Muhammad b. al-Gumar b. Abī  Άbda, refuerce la muralla,  y concentre la población dentro de ella, como consecuencia de los ataques que sufría los campesinos de la campiña por parte de la nobleza  hispanoárabe levantisca.

En el momento actual, la opinión más generalizada es que el arranque de la actual Andújar esta en el 888, sirva de ejemplo de ello, la reflexión que se hace al respecto en Jaén, Pueblos y Ciudades:

“Es posible que sea ahora cuando se inicie el desarrollo de la actual Andújar. Hasta ese momento había sido una más de las numerosas aldeas campesinas que salpicaban las ricas tierras del Guadalquivir. Pero a partir de ese momento se convierte en una de las principales localidades de la zona”. [16]

 

 

 

 


[1] Citado por CAMPIÓN, Arturo. Sobre los nombres de la antigua Baskonia. Revista internacional de los estudios vascos. P.301

[2] Autores citados por, CAMPIÓN, Arturo. Sobre los nombres de la antigua Baskonia. Revista internacional de los estudios vascos. P.301

[3] CAMPIÓN, Arturo. Sobre los nombres de la antigua Baskonia. Revista internacional de los estudios vascos. P.300

[4] Citado por  Antonio García Bellido, “La latinización de Hispania”, Archivo Español de Arqueología, 40/115-116, 1967, p.8.

[5] Citado por Carlos de Torres Laguna, Historia de la ciudad de Andújar y de su patrona la Virgen de la Cabezada Sierra Morena. Andújar, Editorial La Puritana, 1954, pp.120 y 121.

[6] Citado por  Carlos de Torres Laguna, Historia de la ciudad de Andújar y de su patrona la Virgen de la Cabezada Sierra Morena. Andújar, Editorial La Puritana, 1954, pp.120-124

[7] Ispaturgi, fundada por habitantes de la antigua Arsa en el año 500 de nuestra era. Se encuentra  en el término municipal de Campillo de Llerena, provincia de Badajoz. 

[8] Martín de Jimena Jurado, cita la referida inscripción  en su obra: Historia Eclesiástica de la Diócesis de Jaén,  y sitúa, erróneamente,  a  Iliturgi  en Santa Potenciana.   

[9] Carlos de Torres Laguna. O.c., p. 124

[10] Actualmente  esta inscripción no se encuentra en la referida localidad, ni existe constancia alguna de ello. 

[11] HÜBNER, E. Monumenta Linguae Ibericae. Reimer, Berlín, 1893, p.245

[12] Archivo Histórico Municipal de Andújar

[13] ESTRADA, Juan Antonio de. Población General de España, Historia Chronológis  [sic ], blasones y conquistas heroicas, descripciones agradables, grandezas notables, excelencias gloriosas y sucesos memorables.3 Vols, Madrid, Imprenta del Mercurio, 1748

[14] GALMÉS DE FUENTES, Álvaro. Los topónimos: sus blasones y trofeos (la Toponimia mítica). Madrid: Real Academia de la Historia, 2000, p. 82

[15] Juan Antonio Souto, “El emirato de Muhammad I en el Bayan al Magrib de Ibn Idarit”, Anaquel de Estudios Árabes, VI (1995), pp. 213 – 214.

[16] JAEN, PUEBLOS Y CIUDADES. Jaén, 1997, V I, p. 279

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