CASA DE LOS ALBARRACÍN

 

 

 Del antiguo cabildo o ayuntamiento tan sólo persiste su portada, empotrada en una casa de nueva construcción y que se conoce en la actualidad como casa de los Albarracín.  

 En las Cortes de Toledo de 1480,  los Reyes Católicos dispusieron  que todas las ciudades y villas donde el concejo no tuviese edificio propio, se procediese a construirlo en el plazo de dos años.  El Concejo municipal optó por  construir la   casa del cabildo en la  plaza de Santa María; ratificándose,  con ello,  la hegemonía de este espacio público sobre cualquier otro de la ciudad.  Cuando el cabildo se trasladó en 1791 a su actual  emplazamiento de la plaza del Mercado,  fueron borrados los escudos ubicados en la portada. Fue en estos años cuando el edificio fue adquirido por la familia de los Albarracín,   de ahí su actual nombre. 

 

 

 

Portada del gótico final, realizada en piedra, es de gran simplicidad formal. El vano de la puerta, ligeramente arquivoltado, está cubierto con arco carpanel. Sobre él un tímpano trilobulado conformado por dos molduras que descansan en zapatas, situadas a la altura de la imposta del arco. Tímpano que albergaba el escudo de los Reyes Católicos flanqueado por el escudo de la ciudad y el del corregidor de la ciudad, probablemente, el de Francisco de Bobadilla. Dos columnillas con fustes decorados con mimbre entretejido y ajedrezado en rombo flanquean el derrame de la puerta hasta la línea de la impostas y, a partir de sus capitelillos, dos molduras de perfil acanalado, decoradas con mimbre entretejido y bolas, que son cortadas por una cornisa de cincha  

      Desde 1461 la ciudad contó con    corregidor,  don Fernando de Villafane, que lo compartía con la ciudad de Jaén.. Por decisión de los  Reyes Católicos,  adoptada en las Cortes  de Madrigal, la ciudad tuvo corregimiento propio.   Era éste un funcionario que representaba permanentemente al monarca y a sus intereses,  por lo que tenía  amplias facultades políticas,  jurídicas,  etc.

 

 

 

 

                                                                       Tímpano trilobulado. Los escudos  fueron borrados al marcharse el cabildo del edificio                                                                                                           Columnilla con fuste  decorado con cinta de cuero sobre escama romboide         

 

 Andalucía contó con 10 corregidores, de los cuales tres correspondían al Reino de Jaén.  Desde el primer tercio del siglo XVI,   Andújar compartió el corregidor con la ciudad de Jaén,  residiendo éste en la capital del reino.  La fidelidad de la ciudad a la voluntad real no hacía necesario que su presencia fuera  permanente.  Esta decisión  no fue del gusto de los vecinos de la ciudad, que,   en más de una ocasión,  solicitaron  que se nombrara  un corregidor permanente, lo que se consiguió a partir de 1628.   Al corregidor de Jaén y Andújar se le fijó un sueldo anual de 600 ducados de los cuales   200 correspondían a Andújar.

 El viejo cabildo,  testigo de excepción del devenir de la ciudad,  parece querer ocultarnos todas las vivencias que en él tuvieron lugar.  Su  complicidad  con el pasado la vamos a vulnerar con el relato de algunos hechos de la vida cotidiana,  que en definitiva,  son los que van configurando la idiosincracia de una comunidad.

 Una mañana calurosa del mes de agosto de 1491 entraba en el Cabildo Francisco Herrera con muestras de gran enfado y malestar.  Este solicitó entrevistarse con don Juan Alonso,  el Alcalde mayor de la ciudad,  para hacer denuncia de la huída de su esclava Faraz,   de origen musulmán.  Nada se supo de la referida Faraz que debió huir al reino de Granada en busca de una libertad que la historia le negaría poco tiempo después. 

 El amancebamiento debió ser práctica común aunque no por ello dejó de ser motivo de escándalo y reprobación.  Por esta razón,  el alcalde mayor de la ciudad, Juan de Llerena, recibió el 26 de octubre de 1496,  la orden por la que se tenía que informar si era verdad que Pedro de Granados tenía por manceba a una tía suya de la que tenía dos hijos o si Alonso Serrano estaba con su prima o si Atanasio Pérez,  siendo casado, cometía adulterio y así una larga lista de vecinos.

 Pasado el tiempo,  ya en el siglo XVII,  acaecieron en la ciudad unos hechos de naturaleza semejante que dejaron como secuela un "San Benito" que  en el día hoy aún persiste.  Una tal María González,   vecina de Andújar,  fue condenada por el tribunal del Santo Oficio   por bruja,  aunque en realidad se trataba de una alcahueta  que preparaba aceites amorosos y conjuros,  con la pretensión de obtener éxito en las líderes amorosas.  Pues bien,  uno de los miembros del Santo Oficio sentenció ante la realidad del caso : ANDUJAR,  LA QUE NO ES PUTA,  ES BRUJA.  Frase,  excesivamente contundente,  que reflejaba una realidad muy usual en la España de aquella época y que Andújar compartía,   aunque pensamos  no más que  otras localidades.

 Para terminar este  anecdotario volvemos,  de nuevo,  al siglo XV para recordar un hecho que debió provocar más de un comentario  jocoso.  Se le acusaba a don Martín de Cañete,  juez ejecutor y guarda de las heredades de la ciudad,  de haber cogido tres carneros a los carniceros.  El alegaba que lo hizo por estar estos en un "sitio donde no podía estar".  No sabemos si don Martín disfrutó con el alimento de los referidos carneros pero,  en todo caso,  su digestión debió ser dura pues por ello se vio como inculpado ante el Consejo de Castilla.

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